
El
área que conforma la actual Región de Tarapacá, está ubicada en uno de los desiertos
más áridos del mundo, condición que ha hecho el habitar en esta zona un verdadero
reto para las distintos grupos humanos que desde eras remotas han convivido
con su entorno. A pesar de estas circunstancias geográficas, climáticas y ambientales,
los diversos pueblos mantuvieron un equilibrio y armonía con la naturaleza logrando
desarrollar sus culturas.
Los vestigios arqueológicos correspondientes a distintas etnias registran que
la región fue habitada aproximadamente 8.000 años antes de nuestra era, destacándose
la cultura Chinchorro (Arica) junto al más antiguo proceso de momificación del
mundo hecho en arena, barro y ceniza.
El transcurso de los siglos originó un proceso de evolución que convirtió a
los pueblos nómades al sedentarismo, así es posible encontrar desde el siglo
IV dc. al XVI dc. a los Aymaras en el altiplano, los Changos en las zonas costeras,
y la posterior expansión del imperio Inca que se origina en la cordillera de
los andes peruana extendiéndose hasta el territorio chileno.
Tres siglos después, a mediados del 1800, El extenso desierto rico en nitratos
aportó gran prosperidad no sólo a la zona sino que al país. Las inversiones
extranjeras contribuyeron a convertir a los puertos de Tarapacá en pujantes
urbes que marcaron el época de esplendor del salitre.